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Ciudad Juárez es (número uno),

Ciudad Juárez es the (number one)

25 de abril de 2022 

Mi primera impresión es que el aeropuerto es mucho más pequeño de lo que creí, inmediatamente después de bajar del avión la policía migratoria nos pide a todxs que mostremos identificación, al salir del aeropuerto una intensa luz dorada me lastima los ojos y el viento frío hace que el cabello se me estampe en la cara. 

 

Los destellos del atardecer le dan un toque nostálgico a todo, me alegra ver la ciudad llena de grafitis feministas, claro, acaba de pasar el 8 de marzo. El conductor de Didi nos explica que la mayor parte de la gente que vive ahí cruza a El Paso, Texas todos los días para trabajar, pero que en Juárez también hay mucho trabajo y también se gana bien, que las cosas están mejorando porque el Presidente, al igual que Juan Gabriel quiere mucho esa ciudad y ahora está lleno de elementos de La Guardia Nacional, su optimismo me contagia seguridad y llego confiada al Consulado Inn, el hotel donde nos hospedaremos. 

 

El hotel se ve viejo, la alberca está vacía y llena de polvo, aunque de cualquier manera hace frío y no me habría metido aunque tuviera agua. El lobby y los pasillos están llenos de hombres, todos morenos y jóvenes, por su ropa asumo que son de la clase trabajadora y que están ahí en busca de visas de trabajo. Uno de ellos me hace plática en el elevador y confirma mi teoría, me inspira confianza, sin embargo me da miedo pensar que somos pocas mujeres en un hotel lleno de hombres. Me alegro de que mi mamá me haya podido acompañar, aunque tengo sentimientos encontrados porque se debe a que poco antes la despidieron de su trabajo. La habitación es grande pero completamente austera, me da la impresión que removieron todo lo que pudieron remover para dejar sólo lo más básico, ¿será que lxs huéspedes anteriores se han robado muchas cosas? Igual el hotel es caro y seguramente implicó un gran esfuerzo en un momento de necesidad y desesperación para quienes durmieron ahí antes que yo, entonces tal vez así se equilibran las cosas. 

 

Al día siguiente en la mañana fue mi toma de fotografías y huellas en el CAS, después de eso nos movimos de zona para buscar otro hotel, pero todos estaban llenos, uno de los conductores del uber nos explica que la ocupación hotelera siempre está a más del 80%, no es ciudad turística pero tiene un consulado, empresas trasnacionales y hospitales de alta especialidad. Después de buscar mucho encontramos un hotel, no se ve bien, pero está en una avenida que si, de nuevo, lleno de hombres morenos y jóvenes. Pasamos ahí las noches del fin de semana, el sábado fuimos por mi insistencia en un tour a las dunas de Samalayuca, están a unos 40 minutos de distancia de la Ciudad. El jóven que organiza el tour suelta datos interesantes sobre esa región durante todo el recorrido, el que más me impresiona es que dice que en Juárez, muchas de las parejas que se embarazan buscan conseguir dinero para costear un parto en E.U.A, cuesta mínimo $60,000 pesos mexicanos en un hospital del otro lado, pero con eso le están asegurando un futuro a ese bebé que tendrá doble nacionalidad, una gran inversión.

 

Vuelvo a pensar en eso unos días después, mientras imprimía decenas de documentos que podría necesitar para la entrevista para la visa en una diminuta papelería que encontré por pura suerte, un niño de unos 11 años espera impacientemente que yo termine para él poder hacer su tarea en la única computadora que hay, mientras espera se pone a platicar con mi mamá, él le dice que va casi todos los días a hacer su tarea ahí, lo que me hace pensar que no tiene computadora en su casa, lo que me hace pensar que probablemente sus papás no pudieron conseguir $60,000 para que naciera del otro lado del muro. Me preguntaba si tendría visa y en lo fuerte que debe de ser crecer en una ciudad fronteriza viendo puentes todos los días que están negados para ti. 

 

Veía aquella franja que divide ambos países, veía los edificios que pertenecen a El Paso, ¿cómo se pueden acostumbrar los habitantes de Juárez a estar tan influenciados por lo que pasa a unos cuantos metros, pero no poder acceder a esa ciudad gemela geográficamente, pero abismalmente diferente socialmente? ¿Cómo algo tan violento como una frontera puede estar tan normalizado? ¿cómo se lidia con tanta violencia racista, clasista y machista a tu alrededor?

 

En el principal puente fronterizo, en el centro de Ciudad Juárez hay una instalación de una cruz sobre una estructura rosa llena de clavos que dice “Ni una más”, en un primer momento creí que se trataba de una intervención por el 8 de marzo, después leí en internet que es una réplica de otra cruz de clavos instalada en el 2001 frente al Congreso del Estado en Chihuahua Capital, es posible que sea el primer antimonumento del país, fue instalada por madres de víctimas de feminicidio con ayuda de trabajadores de Aceros Chihuahua. 

 

Atravieso el centro de Juárez junto con una amiga que vive allá, todas las calles están llenas de grafitis feministas, algunas parecen sacadas de un cuento de vaqueros, otras calles parecen haber sido atravesadas por una guerra (y así fue), pero me pregunto que tuvo que haber pasado para que los edificios estén tan destrozados, como si les hubieran caído bombas, está lleno de edificios, casas y hasta coches abandonados, nombres pintados en las paredes de desaparecidas y asesinadas. 

 

Caminando nos topamos con un mural en homenaje a Isabel Cabanillas, una artista visual y activista joven asesinada a principios del 2020 cerca de ahí, supe de la noticia por la colectiva Hijas de su Maquilera Madre, colectiva a la que empecé a seguir porque me encantó su nombre y a la cual pertenecía Isabel, fue una noticia que me dolió mucho, la mataron por su lucha en Ciudad Juárez, por ayudar a otras mujeres. Poco después de su asesinato su colectiva convocó a colaborar en una especie de mural colectivo, por lo que invitaron a enviarles dibujos digitalizados de ojos (porque los ojos eran recurrentes en los murales que ella hacía) para imprimirlos y pegarlos en el muro en su honor, yo les envié uno con mucho amor. 

 

Encontré mi dibujo que había enviado hace más de dos años, se me salieron las lágrimas, el mural con dibujos y fotografías pegadas ya está casi completamente despintado por el sol,  dos años son una eternidad en ese clima extremo. La calle estaba completamente vacía, mi amiga y yo éramos las únicas ahí, y entre los edificios abandonados era imposible no sentir miedo, por lo que nos fuimos rápidamente en cuanto tomé un par de fotos. 

 

Pienso en lo resistentes que tienen que ser los y las colectivas allá, en lo organizadxs que deben de estar, en lo valientes que son, me causa mucho dolor pensar lo poco difundida que fue la noticia de Isabel Cabanillas, en todas las que asesinan y desaparecen sin ninguna repercusión. 

 

Más adelante una pequeña niña migrante me vende dulces, pienso en lo arriesgado que es ser niña en el país, en esa ciudad fronteriza, mucho más siendo pobre, mucho más siendo migrante. Veo a la niña y veo los edificios de El Paso al fondo, ¿cómo podemos aceptar pasivamente esos contrastes? Pienso que el muro que veo no es sólo lo que divide México de EUA, sino la división entre dos mundos, de ese punto hasta la Patagonia, Latinoamérica, de ese punto hacia “abajo” lxs pobrxs, racializadxs, colonizadxs y saqueadxs. 

 

Me llena de rabia y de sentimientos contradictorios pensar que si me aprueban la visa es porque demostré ser parte de lxs privilegiadxs de latinoamérica. 

 

El día de la entrevista consular llega, formo parte de la multitud visiblemente cansada, estresada, con frío y sueño. Pocas mujeres a mi alrededor otra vez, después de una larga espera llega mi turno, tengo en mi mano un pesado folder lleno de documentos, no me piden ninguno, la consul me hace sólo tres preguntas, “¿a qué vas?”, “¿tus papás tienen visa?”, “¿tienes propiedades?”, contesto la primer pregunta, digo que no como respuesta a las otras dos. Una pausa larga mientras la consul revisa su computadora. Sin voltear a verme exclama: “visa aprobada” y me entrega la codiciada hoja verde.

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